Nada de piernas cargadas, de físicos cansados y agarrotados por el arranque de la temporada. No hizo falta precalentar. El Barcelona arrancó como terminó en las últimas temporadas: goleando de la mano de Lionel Messi y pisando a su rival de turno con su ritmo de fútbol único. El último Pichichi, Leo Messi, apenas demoró 3 minutos en anotar su primer gol en la Liga, con una definición que lleva su sello; por encima del arquero Toño, cuando salió a intentar bloquearle el camino. No tardó nada el rosarino en regalar su primer destello. Iniesta y Villa completaron la faena blaugrana en el debut liguero, en El Sardinero.
Guardiola volvió a ubicar a Leo como falso centrodelantero, con margen para maniobrar por todo el frente de ataque, escoltado por Iniesta y Villa. El Guaje, justamente, se estrenó en el equipo blaugrana -Ibrahimovic ya fue traspasado al Milan- y demostró signos de una conexión fluida con Leo. No hace falta mencionar el entendimiento puro que exhiben Messi e Iniesta, que suele dar como resultado jugadas museísticas.
La Pulga contó con la ocasión de matar definitivamente el duelo, previo a dejar a dos rivales en el camino, pero su tiro pasó cerca. Jugó el partido completo y participó de la iniciación del tercer gol, asistiendo a Dani Alves, quien sacó el centro que Villa transformó en el 3-0 final. Un debut inmejorable para ilusionar a la afición y seguir refrescando los ojos de los amantes que disfrutan del fútbol estético.

















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