El Barcelona no la pasaba nada bien ante el Mallorca, hasta que Guardiola mandó a la cancha a Lionel Messi, y el rosarino, levantando su nivel, cambió el duelo, la cara del equipo y certificó el empate 1 a 1 que terminó de clasificar al Barcelona para la final de la Copa del Rey.

Es cierto que el Barça volvió a irse sin ganar, pero lo importante fue haber entrado a la cita definitoria de la Copa del Rey, ante el Athletic de Bilbao. Castro había puesto en ventaja al Mallorca, que recortaba el resultado 2-0 de la ida de la semifinal en el Camp Nou y el cuadro blaugrana sufría la expulsión de Cáceres. Además, Pinto se mostraba como héroe al parar un penal que podía igualar las cosas en el global.

Por eso, pensando en sacar adelante la situación, Pep Guardiola mandó a los 58 minutos a Leo Messi a la cancha, en lugar de Bojan. De entrada, La Pulga puso en práctica su velocidad para que Josemi viera su segunda amarilla y se fuera expulsado, quedando ambos conjuntos con diez hombres.

El rosarino arrancó a desequilibrar y traerle paz al Barcelona. Y él mismo se ocupó de firmar el pase a la final, aprovechando un despeje fatal de Navarro, y yéndose derecho contra su compatriota Lux, para sentenciarlo con un tiro precioso por encima de su cuerpo y poner el 1 a 1 definitivo.