Un lustro atrás, Lionel Messi hacía su presentación en la Selección Mayor, en un amistoso ante Hungría que quedaría en la historia. No porque haya sido el estreno soñado, sino porque duró menos de 1 minuto, unos 40 segundos. Eso fue lo que duró el astro del Barcelona, a quien Pekerman puso en lugar de Lisandro López a los 18´16″ del complemento y salió a los 18´56¨. Leo fue víctima de la inoperancia del árbitro alemán Markus Merk, que vio un golpe intencional de La Pulga, cuando en realidad quiso desprenderse del agarrón ilicito de Veneczak, quien fingió haber sido impactado violentamente.
Messi venía de confirmar ante el mundo que su proyección de crack iba en serio, tras arrasar en el Mundial Sub-20 de Holanda, motivo por el cual Pekerman lo había citado, decidido en introducirlo al grupo que un año más tarde disputaría el Mundial de Alemania. Recién empezaba a hacer sus primeras armas en el Barcelona brillante de Rijkaard, donde todavía tenía a Giuly por delante.
La angustia que el propio Leo sufrió en el estadio Puskas fue inmensa. “Yo no hice nada, solamente moví el brazo derecho para sacarme de encima a mi marcador, que me estaba tomando de la camiseta cuando yo quería seguir la jugada”, describiría un Messi afligido, de apenas 18 años.
Cinco años después, el rosarino ya jugó dos Mundiales con la Selección. Los títulos por ahora se le resisten. Batista ya confirmó que, en caso de continuar en el cargo de seleccionador, es probable que pase a ser su capitán. Todavía queda mucha historia por recorrer con la albiceleste.




















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